A Jackson sólo le quedaba pegarse un tiro. ¿Qué podía hacer después del Señor de Los Anillos? Pegarse un tiro. No es posible superarse. Por supuesto, antes del mortal tiro quedaba su personal capricho infantil: realizar su versión de King Kong.
Ir a ver King Kong esperando ser convencido de que esa fantasía existe, es una batalla perdida. Para disfrutar este film SE TIENE que estar convencido de que el monumental simio en ese mundo existe, y que no hay necesidad de argumentar su existencia. Eso seria una necedad (recuerdo a un grupo de estudiantes caraqueños que, a la salida de Episodio 1 de Star Wars, se reían pues “como era posible que en el espacio intergaláctico hablaran todos inglés”. Crítica que para nada iba orientada a la transculturizacion, vale acotar).
Partiendo de allí, es posible llegar hasta satisfecho al final de las largas 3 horas que dura el monumental capricho de Jackson.
King Kong siempre será una de las obras más iconoclastas del Hollywood aventurero y ficticio. Si se sabe eso, es posible entender como a Ann Darrow (Naomi Watts) no sólo no muere trágicamente, sino que ni un rasguño saca de todas sus peripecias. Sus pies descalzos son hermosos, pero también de acero.
Apartando el espectáculo visual (sobretodo el logrado por el actor Andy Serkis, que abandonó a Gollum por King Kong), lo mejor de este film es la presencia constante del espíritu del film original de 1933 de King Kong, el cual se encuentra vivo durante todo el guión. Los amantes de la pieza de culto del 33 saldrán complacidos con este homenaje. Es importante no olvidar que la versión original del 33 incluía todas las especies y animales gigantes y exóticos que vemos en la isla. NO SON inventos del neocelandés.
Peter Jackson narra y describe muy buenos personajes (Naomi Watts, Jack Black y Adrien Brody son tiros al piso magistralmente echados por el casting y además Kretschmann y Colin Hanks son agradables sorpresas) durante la travesía a la Isla Calavera, pero luego los manda al mismísimo infierno al aparecer el simio gigantesco. El protagonismo del simio es entonces exclusivo, si acaso compartido por Watts. Esto es lamentable y es la primera gran diferencia que tiene Kong con la gloriosa trilogía anterior en una comparación pedante pero inevitable.
Visualmente no tiene pérdida. Además de los apabullantes efectos visuales, la fotografía y la dirección de arte son trabajos del más alto nivel. Sólo por estos dos apartados la entrada se paga solita.
El sonido también es impecable. Claro, no es muy glamoroso el saber que el grito de Kong es realmente un rugido de león al revés a la mitad de su velocidad, pero de algún elemento animal tenia que salir (sigue siendo mas glamoroso que el sonido del tornado aquel del 96, creado por cochinos y elefantes bebes).
La musicalización no tiene personalidad. Es insípida y a ratos hasta estorba. Howard Shore abandonó tardíamente el proyecto (aún cuando aparece haciendo un cameo en una de las escenas finales) y fue reemplazado por James Newton Howard, el cual tuvo menos de un mes para componer la banda sonora. Se nota.
En fin, King Kong vale la entrada al cine. Es el cine más activo y “de aventura” que he visto en años. Si, también es el Kong mas humano (repito, Serkis hace un estupendo trabajo con el simio). Tiene altas dosis de romanticismo que al rozar en lo cursi, son literalmente reventadas a plomo limpio (escena de Kong en el lago congelado… “King Kong on ice!”), salvando el día, y permitiéndonos respirar aliviados.
No hay mucho más que decir sin contar el film o adentrarse en los terrenos de lo “rebuscado”. Peter Jackson ha realizado con éxito su capricho, y ha ratificado que está lejos de pegarse un tiro. Ya está preparando “The Lovely Bones”, la cual promete mostrarnos a un Jackson un poco mas alejado de los CGI y de las pantallas verdes, y mas cercano a las profundidades de la narración audiovisual mas emotiva y humana.
Si, ciertamente Jackson no ha hecho una mejor película que su trilogía anterior. Probablemente no la haga nunca. No por eso vamos a dejar de seguirle la pista. Es muy posible que haga en un futuro alguna nueva obra inmortal para el cine.
Además, y siendo necio, King Kong no fue escrita por Tolkien.















En fin, en ambas, con diferentes enfoques, se muestran las semejanzas del pitufo filosofo con Trotsky, a papá pitufo con Marx, Lenin y hasta Stalin, y a Gargamel como el símbolo del capitalismo salvaje (recuerden que Gargamel solo buscaba a los pitufos para convertirlos en oro)



Spencer ha retratado a grupos que oscilan entre 700 y 15 mil personas. Lo ha hecho en diversas ciudades del mundo, como Montreal, Barcelona, Buenos Aires, Sao Paulo, New York, Melbourne y Santiago de Chile.
La experiencia-evento está patrocinada por el Ministerio de la Cultura, la Fundación Museos Nacionales y el MACCSI. Si están interesados y tienen mas de 18 años (y menos de 35…esto último es mentira, claro), pueden