
Salimos del cine (tras ver
Munich) a las 2 AM. Ingenuamente vamos a
La Belle Epoque (que con su síndrome de
Ilan Chester despidiéndose, están asegurándose el dinero parejo de quienes ilusamente van “por última vez”) para intentar escuchar en vivo a los
Chucknorris. Por supuesto, hemos llegado miles de horas tarde y ya los miembros de
Chucknorris no sólo han tocado, sino que ya han muerto, velados y enterrados, mientras sus nietos los han llorado.
Me lamenté un poco. De verdad quería escucharlos en vivo e incluso ver si podía comprarles el disco.
Vemeko me había facilitado vía
Soulseek el disco. Rara vez una banda nacional ha llamado tanto mi atención como
Chucknorris y sus
11 cuentos. Quizás
LaMuyBestiaPop con su versión criolla de
“Pretty Hate Machine”, Deus Ex Machina por allá a mediados de los 90.
Chucknorris es una banda conformada en primera instancia por Carlos Reyes (Claroscuro) y Breaker MCTP in tha house (Danzas Mecánicas). Posteriormente se les unió Baffa (Sur Carabela) y Tomás Mena (Le Merm). El resultado, como sus integrantes, es bien diverso.
Esa diversidad roza durante casi todo el disco los límites de la sobreabundancia de sonidos, siendo este mismo el mayor merito de
11 cuentos: nunca molestar al oyente con su amplia diversidad de instrumentos y sonidos. En
11 cuentos encontraras muy bien ubicados, guitarras, voces, beats, trompetas, scratches, cacerolazos, teclados y hasta piano (instrumento que fue fundamental para que me gustase mucho este disco)
Platanoverde (revista de la cual extraí el arte de Raúl Perdomo) adjetivó a los originarios
Chucknorris como algo a medio camino entre el trip-hop y el rock.
Oidossucios los calificó en la categoría de “cualquier otra cosa” en su actual
premios oidos sucios 2006.
Chucknorris tambien han sido definidos así:
“A través del viaje etéreo del trip hop, las pulsaciones del drum and bass, las fábulas del hip hop, las raíces de lo étnico y las antologías de los vinilos sampleados. Chucknorris recicla la cotidianidad y se dedica a explorar formas a través de un arsenal de artefactos y juguetes electrónicos.” Sus influencias asumidas son
Tricky, Portishead, NIN, Beck, Beastie Boys, One Inch Punch, Chemical Bothers y utilizan Mac G3, Mackie, Old Records y Sony Record Player.

No hay canción similar a otra en este disco. Hay un uso abundante de sonidos de origen electrónicos (scratches, simples y otras menudencias) que nunca nos harán querer bailar “el robot” pues estos carajos han sabido domar el toro electrónico y ponerlo a sonar como quisieron. Además, las liricas de Carlos Reyes junto al sobrio e inteligente “MCeo” de Breaker, junto a las guitarras en mayor o menor medida distorsionadas y el uso de una que otra bateria real, le han dado suficiente alma orgánica a este disco.
Las letras están opacadas por la música. En muchas de las piezas, las letras juegan una mera función ornamental decididamente consciente. Esto es lo que me motivó a no restarle ningún punto en mi escala mental, pues
Chucknorris no tienen pretensiones arrogantes con sus letras. Ellos se han arriesgado, sin pararle a la formula del éxito y han logrado un disco respetable. En sus propias palabras decidieron
“que era la oportunidad para desligarse del rollo autobiográfico habitual” (extraido de la entrevista que les hizo Junior Ruiz, para platanoverde).
Sin embargo, hay piezas como
“Shaman”, “Papillón” y
“Taj Mahal” donde se distingue una necesidad de introducir elementos mitológicos fantasticos dentro de algunos sentimientos habituales. Otras, como
“Acero” es decidida y agresivamente política, pero inteligentemente
Chucknorris han dejado abierto la interpretación del mismo, para no caer en polarizaciones. Este tema, como para dar un esbozo de lo que se puede encontrar en estos
11 cuentos, tiene como base rítmica unos cacelorazos y pitos típicos de las marchas y en mitad del tema un discurso alegoricamente (o concretamente) nazi adereza el
“No seremos el campo donde florezcan las mentiras cosechadas por tus propias manos”. Ojala no se lancen una de escuálidos, sería el único punto en contra que les pondría.

Hay otro tema,
“Houdini”, que suena como si detrás de ellos estuviesen la
Sans Souci o la
Billos jameando. Un órgano tipo
Stevie Wonder irrumpe en la ya ecléctica pieza para dar paso a un tema mas bien misterioso que de cuando en cuando se prende en una fiesta de orquesta caraqueña de principios de los 60, scratches de por medio.
De todas maneras, escualidos, chavistas, budistas, fascistas, socialistas, imperialistas, nini, eso no importa mucho por ahora.
11 cuentos es uno de los mejores discos que han salido de mentes criollas en mucho tiempo. Dura 44 minutos. Siempre que pongo el track 1, sigue derechito hasta el final del 11. Ninguna canción molesta o cansa.
Me tardé un rato en decidir que tema postear como muestra. Me decidí por
Papillón, segundo tema promocional del disco y mejor que el
Taj Mahal que ya hasta por MTV suena.
Y es mas, si alguno de ustedes conocen a algún miembro de
Chucknorris, diganle que les ofrezco mis servicios para escribir y/o dirigir el video de
“Naufrago”, “Houdini” o hasta
“Acero” si efectivamente no es un tema escualidoso.
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